Espumante Margot – do tango de Gardel para a taça

“Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.”

Assim é parte do tango “Margot” de Carlos Gardel, a figura mais emblemática desse tipo de música. Foi em Margot que o espumante, chamado de champán, foi citado pela primeira vez e associado a beleza, sensualidade e nesse caso, à melancolia, que é marca registrada dos tangos.

E é assim também o espumante Margot Extra-Brut. Leve, suave e esguio, como uma bela dama. Tem força e acidez na boca, mas não machuca. Tem bons aromas mas não incomoda, como deve ser um bom perfume. Suas bolhas, finas e longas, dançam na boca, como um tango.

Prove o Margot Extra-Brut. mas prove ouvindo Gardel. Veja como fica mais gostoso.

Margot

Carlos Gardel

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…
Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte, de mirar, de estar parada
o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.
Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.

Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente
ni un cafisho de averías el que al vicio te largó…
Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente…
¡berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,
hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,
¡me reviente tu presencia… pagaría por no verte…
si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

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